Para combatir el olvido de la historia: "Sentado en un árbol caído".



               Manuel Chitay y Mariana Marroquin.                 









-Buitre:
registren  bien todo, ¡que no se les escape ni uno!
-Testigo:
Sus dedos se enterraban en la sagrada tierra
como pidiendo ayuda,
sus cuellos se quebraban, ya no respiraban mas…



Entrevista a Emanuel Loarca y Manuel Chitay

Durante el conflicto armado en Guatemala yo estaba  lejos de conocer la realidad de sus víctimas. Era comprensible, vivía varias fronteras al sur y Twitter no existía. Lo incomprensible,  casi treinta años después, es saber que la misma población guatemalteca desconocía los abusos a los cuales gran parte de su población estaba siendo sometida en aquel entonces.

Pero existen los sobrevivientes como Jesús Tecu Osorio que denuncian, prestan testimonio y relatan, y  los dramaturgos como Emanuel Loarca que utilizan el teatro como arma para combatir el olvido histórico.
Ganadora del Primer Premio Nueva Dramaturgia Guatemalteca,  Sentado en un árbol caído, aborda el tema de  la masacre de Río Negro  en Rabinal, que terminó con el asesinato y tortura de índigenas mayas de la comunidad achí.

La obra no se limita a relatar los sucesos ni a enumerar los efectos de la masacre. Si bien los aborda, construye a través de testimonios un rompecabezas donde vemos a todos los protagonistas de la historia, desde los militares hasta las víctimas,  incluyendo los representantes de intereses económicos nacionales e internacionales.

Entrevista:



Comparto con ustedes la entrevista que realizara ayer para "Cuentame" en Detrasde.com desde la ciudad de Montebello, CA.
Gracias a Luis Ponce y a Claudia por la invitación y les invito a visitar la página.

Un abrazo,

Primera Parte



Segunda Parte
Claudia, Victoria y Luis.

De por qué vine a Estados Unidos.




Creo en los exorcismos personales. No creo en la imagen de Linda Blair dando vuelta la cabeza en círculos y lanzando un vómito verde. Tampoco en un sacerdote católico enfrentando mi cuerpo con una cruz mientras grita: “¡Vade retro Satanás!”.
Pero creo en los exorcismos personales.
Esos que lanzamos al aire de alguna manera para expiar nuestras culpas y limpiar nuestras sombras. Y empiezo a pensar, que esta suerte de nota es una de esas maneras. La más cómoda o personal forma de quitar el chamuco de mi alma.
Una vez, tiempo atrás, crucé la frontera de Estados Unidos de América en un supuesto plan de paseo a Texas. En aquel tiempo los ciudadanos uruguayos carecíamos de impedimentos para traspasar la frontera más codiciada del mundo, la del “imperio blanco”.
Desde hacía tres años yo vivía feliz en México. Tenía un gran amor, una casa, estadía legal, un trabajo prometedor, amigos de los buenos y un exacerbado cariño por la cultura, gastronomía e idiosincrasia mexicana que en ninguna manera me inducía a abandonar tierras chichimecas.
Pero a veces el diablo entra en el cuerpo, te engatusa el alma y vos como un pelotudo crónico sucumbís a sus tentaciones. Las cuales pueden llegar de las más extrañas y deliciosas maneras.
Por aquel entonces, mi llamada “mother in law” como le dicen los gringos, me invitó a conocer lo que para mi carecía de total interés:  “el otro lado”. Pero en México me enseñaron que a la madre y a la suegra jamás se les niega nada. La excusa para dicho evento fue el típico “ir de compras”. ¡Justamente a mi! Quien cada vez que entra a una galería de tiendas se posesiona como pai de santo dirigiendo una macumba.
Así que un viernes de cuya fecha no me acuerdo crucé por primera vez la maldita frontera divisoria, más que entre dos países, entre dos tipos de seres humanos: los de clase A y los de clase B. Los del norte y los del sur.

La reina de la hipérbole. (Parte 1)



 En mi casa paterna los sábados se escuchaba fútbol. Desde una radio antigua, cuya caja de madera tenía el olor de las cosas viejas con las iniciales G.E. doradas y conexión eléctrica, los comentaristas relataban con esa clásica pasión -que denuncia llevar sangre italiana o española en las venas- los movimientos desde una cancha donde 22 hombres exaltaban la presión arterial de mi familia al ir tras una pelota de cuero bastante más primitiva que una jabulani.

Yo no era ajena al griterío, a las discusiones, a las risas y a los llantos que desbordaban el patio de baldosas con aljibe en el medio. Tampoco a la pregunta: "y vos...chiquita... ¿de qué cuadro sos hincha?" Y entonces, temiendo a un domingo sin matinée o a la disminución de chocolatines Águila respondía de acuerdo a la camiseta del curioso en turno.

La respuesta era fácil: Peñarol o Nacional.

En la casa nadie leía libros. Pero las revistas del Peñarol Fútbol Club rondaban el comedor, el baño, la cocina, el corredor, el cuarto de mis viejos. Imágenes de Pablo Forlán o de Morena eran tan familiares como el retrato de mi bisabuelo, moro que escapó desde Andalucía como polizón en un barco hacia el Río de la Plata.

Por otro lado, los figurines con la camiseta blanca, de corazón azul y rojo, llegaban cada mes hasta el zaguán: "Nacional Fútbol Club es el cuadro nacional chiquita...Peñarol lo fundaron los malditos ingleses. Vos tenés que ser "bolso" como el tío Luis, no me vengás con pelotudeces de andar hinchando por los ‘manyas’".

Los domingos a la tarde eran de fiesta. Era el día de seguir a los equipos locales, los del pueblo.

La reunión familiar alrededor del viejo armatoste de radio con lámparas se permutaba por la ida a la cancha de turno. Los colores de las camisetas cambiaban, los equipos también. Negro y blanco: Río Negro. Rojo y blanco: River Fútbol Club. Verde y blanco: Universal y así desfilábamos entre las canchas de Tito Borjas y la de Central, la del Barrio Colón y la del Barrio Industrial.

Un camino por recorrer y una lucha que vale la pena.



(Parte II)
¿Qué es el cáncer de mamas?

Es una enfermedad que ataca tanto a hombres como a mujeres. Existe un estigma muy arraigado en nuestra comunidad latina sobre dicha enfermedad, un estigma de miedo por lo cual es una palabra que suele evitarse. Se habla de “la larga enfermedad” o “de la enfermedad sin cura” pero se evita nombrar el término cáncer. ¿La razón? El término de cáncer va unido con frecuencia a la palabra “muerte”. Sin embargo de ser detectado a tiempo, el 50 % de los pacientes diagnosticados sobreviven la enfermedad.

El cáncer de mama consiste en un crecimiento anormal y desordenado de las células de éste tejido. La mayoría de los tumores que se producen suelen ser benignos y son debidos a formaciones fibroquísticas. El quiste es como una bolsa llena de líquido y la fibrosis es un desarrollo anormal del tejido conjuntivo. Existen varios tipos de tumores y alguno pueden ser malignos.

Síntomas:

En los momentos iniciales no suele presentarse síntomas. El dolor no es un síntoma de cáncer aunque el 10% de las pacientes lo presentan sin que se palpe ninguna masa. El primer signo suele ser un bulto que, al tacto, se nota diferente del resto. Se suele notar con bordes irregulares, duro, que no produce dolor al tocarlo. En ocasiones aparecen cambios de color y tirantez en la zona afectada. Pero no todos presentan estas características por eso lo primero es que al realizarse un autoexamen mamario al sentirse alguna irregularidad se recurra inmediatamente al médico.

Reducción de riesgos:

¿Qué podemos hacer para protegernos contra el cáncer de mama? Ya que todavía no se sabe qué causa el cáncer de mama o cómo prevenirlo, la mejor protección es detectarlo tan pronto como sea posible y disminuir los riesgos:

1) Controlar nuestro peso y hacer ejercicio: tenemos que elegir alimentos y bebidas saludables todos los días. Mantenernos activos.

2) Conocer nuestros antecedentes de cáncer de mama en nuestra familia: Si nuestra madre, nuestra hermana, o nuestra hija ha padecido la enfermedad debemos preguntar a nuestro médico cómo reducir el riesgo.

3) Conocer e informarnos sobre los riesgos y beneficios de la terapia de reemplazo hormonal: algunas mujeres utilizan éste tipo de terapia para tratar los síntomas de la menopausia, en ese caso se debe preguntar al médico los riesgos y beneficios.

4) Limitar nuestro consumo de alcohol.

5) Hacernos periódicamente el autoexamen de mama. Es cuando nosotras mismas nos palpamos para detectar posibles bultos, cambio de tamaño o de forma o cualquier otra variación en las mamas o las axilas.

6) Luego de los 40 años hacer anualmente una mamografía. Estas son radiografías de las mamas. Son el mejor método de detención temprana cuando todavía el tumor no ha crecido demasiado, no se han manifestado síntomas y aún es fácil de tratar.

7) Reducir los niveles de estrés y controlar el uso de productos tóxicos por ejemplo en la limpieza de nuestro hogar.

Un camino por recorrer y una lucha que vale la pena.



La lucha contra el cáncer de mamas. 
(parte I) 


Tenía diez años cuando escuché por primera vez la palabra y a esa edad no podía entender muy bien el significado de la misma. Sin embargo por el tono de voz y las facciones de mi padre pude deducir nada bueno traía consigo.

Nuestra vecina había sido diagnosticada con cáncer y la conmoción se instaló de golpe en el vecindario. Nadie sabía mucho del tema pero estaba claro que su diagnóstico, era como una crónica de muerte anunciada. Todos teníamos miedo.

El cáncer es un visitante silencioso, llega, se instala y cuando anuncia su presencia a veces suele ser demasiado tarde. Sin embargo hay maneras de detectarlo a tiempo y hay maneras de vivir con él.


Testimonio de vida.

Mónica Navarro, cantante de tango argentina, siempre fue una mujer que por su profesión aprendió a escuchar las señales del cuerpo. Una mujer responsable de su salud. A sus 39 años, en marzo del 2008, comenzó a sentir un dolor extraño en su seno izquierdo por lo cual consultó a su médico y éste ordenó una mamografía. El resultado reveló cáncer de mamas en el seno derecho.

“Recuerdo-dice Mónica- que le insistía al médico cómo era posible estuviera afectado mi seno derecho cuando a mí ¡me dolía el izquierdo! Y el médico aseguraba que precisamente el cáncer no duele. Si no hubiese ido por ese control el cáncer hubiese avanzado”.

Metodología.



Alguien dijo una vez que cuando tenía su corazón roto por alguna pena de amor aspiraba la casa una y otra vez hasta sentirse tan cansada que la pena se le desprendiera por no querer estar en un cuerpo sin energía.

Hoy lavé el baño, la cocina, el cuarto, la sala, el patio, la escalera, la ropa y al gato. Los azulejos quedaron maravillosamente blancos; igual el excusado y el lava manos. La cama con sábanas limpias y bien tendida. El piso impecable, las paredes sin tierra, las puertas sin marcas, la estufa sin grasa, la ropa con aroma a lavanda. El gato como espuma de mar.

Sin embargo creo que no hice un buen trabajo. Pues aunque mi cuerpo está cansado, la pena no se quiere ir.